La cultura audiovisual de Da Vinci a 300.
ESTE ES EL PRIMER TRABAJO DE UNA SERIE QUE ESTARÉ PUBLICANDO EN TORNO A LA INGENUIDAD EN EL DISCURSO TELEVISIVO Y SU DEMONIZACIÓN.
Juan Ramírez Martínez.
“A lo que hay que temerle no es a ese supuesto juez autoritario, verdugo de la cultura, imaginario, que hemos elaborado aquí. ¡Teman a otros jueces mucho más temibles, teman a los jueces de la posteridad, teman a las generaciones futuras que serán, al fin y al cabo, las encargadas de decir la última palabra!”
Fidel Castro Ruz. Palabras a los intelectuales.
Aunque parezca ingenuo, a veces resulta interesante pensar en la reacción que tendrían Niépce, Muybridge, Edison o los Lumieres si fuesen traídos en una de esas llamadas máquinas del tiempo (como la descrita por H. G. Welles) a este siglo que se debate en guerras increíbles donde mueren miles de personas de manera absurda sin verse jamás las caras porque ya no hay lucha frente a frente ni combate cuerpo a cuerpo; guerras que vivimos todos de un modo u otro pues los reportes que antes escribieran Hemingway y otros corresponsales, son hoy imágenes que nos agraden constantemente en cada una de las emisiones de los noticieros de la TV u otros programas especializados en una forma mucho más violenta pues nos llegan cuerpos decapitados, ciudades devastadas, soldados que se pasean por los escombros que ellos mismos crean con sus bombas y niños mutilados a través de la vista; vivimos un siglo en el que ya no es necesario retar al contrincante con un golpe de guante en el rostro pues una imagen enviada nos acorta la distancia; un siglo en el cual sus inventos ya no requieren de la gran complejidad mecánica que ellos, los pioneros, concibieron, pues ahora todo es electrónico (y chino, no europeo ni made in usa), como para asombrar a Edison quien seguramente comenzaría a reclamar patentes mientras los Lumieres estarían atónitos al ver que las cosas soñadas por ellos se han ido mucho más allá de las fronteras de la imaginación de todos los grandes, incluido Da Vinci (es posible). Sería fabuloso ver sus rostros ante un monitor de televisión cuando se enteraran que ese aparato es un pariente lejano de los prototipos creados por ellos. Pero sería más interesante aún, considero, verles las reacciones cuando se enteraran de la gran cantidad de problemas, conflictos, debates y demás cosas que se han generado en el mundo alrededor de esa forma de expresión audio visual (solo visual para los Lumiere y Edison)) de la cual ellos tienen también su responsabilidad… la televisión, esa pequeña caja con imágenes heterogéneas y con multiplicidad de colores y mensajes; esa caja que cada día se hace más delgada en grosor; esa caja que ocupa tanta parte del tiempo e invade la intimidad de nuestras familias; artefacto que es capaz de influir en nuestras decisiones a partir de sus mensajes; esa caja… ¿la caja de Pandora?! Es el engendro que degeneró de las creaciones de Niepce, Muybridge, Edison y los Lumieres y regresa ahora (seguro estoy que seguirá regresando infinidad de veces) para ocupar la esencia de este trabajo que propone abordar una arista de su Macro Discurso Global (MDG) motivado por la diabolización promovida deliberadamente por algunos especialistas sobre determinadas Unidades Significantes del MDG o Micro Discursos Televisivos (MDT), léase programas, mientras se obvia ¿ingenuamente? El Discurso Televisivo Dominante (DTD). (1)
La caja mágica centro de sala nos trae a reflexiones increíbles, a veces, sobre cosas que nunca pensamos serían parte de nuestras preocupaciones cotidianas. Los años 2007 y 2008 han sido testigos de dos grandes debates propiciados indirectamente por la televisión; por programas de televisión: uno de ellos fue provocado por el programa Impronta (2) y el otro análisis se inspira por la programación cinematográfica en televisión y cuando decimos televisión lo hacemos de manera general pues incluso los nuevos canales locales no están exentos de atrocidades aunque no han sido tomados como muestra en este estudio. La televisión porta a la vez el yin y el yang: lo mismo se puede ver un programa didáctico que otro donde no se le aporte directamente sabiduría al televidente. ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo? ¿Qué es una programación con calidad y cual es la que no tiene calidad? ¿Quién decide lo que es bueno y lo que es malo? ¿Por qué estigmatizar algún producto televisivo o audio visual y qué consecuencias puede tener este hecho? Impronta nos enseñó que se puede ser ingenuo y agresivo sin razones aparentes. La televisión nos besa cada día mientras nos agrede. Esa caja mágica también nos puede ayudar a pensar. Esa caja ante la que nos sentamos plácidamente a recrearnos mientras descansamos o tal vez a trabajar cuando se hace con un programa didáctico, se puede convertir en un feroz lobo cuando alguien decide tildar una imagen, una porción, o una unidad significante de su discurso como diabólica, solo porque no se acoge a sus parámetros personales, y mientras tanto, pasan de manera inadvertida o desapercibida, cientos de horas de demonios vestidos de ángeles por nuestros ojos y nuestros subconscientes sin que los diabolizadores digan algo porque para ellos esos ángeles disfrazados no cuentan. Así comienza un análisis de la cultura audiovisual y de su macro discurso. Cabría preguntarnos inicialmente: ¿Existe una cultura audiovisual? ¿Cómo se erige y cómo funciona o debe funcionar en Cuba de ser cierta? ¿Existe un discurso televisivo?
(1).Discurso Televisivo Dominante – y dominante en un doble sentido: en tanto que domina, con ligeras variantes cosméticas, en las televisiones del mundo conocido, y en cuanto tiende a someter a su hegemonía el resto de los discursos de nuestra contemporaneidad. El discurso televisivo: espectáculo de la posmodernidad. Jesús González Requena. Ediciones Cátedra. Madrid, 1988. Pág. 11.
(2) Programa trasmitido por el Canal 6 de la Televisión Cubana, el cual, durante el año 2007 provocó una gran polémica entre los intelectuales al presentarse en este espacio a un ex funcionario del Gobierno Revolucionario. Este señor dictó leyes que afectaron el desarrollo de la cultura y de las personas que la hacen. El período de gobierno del mismo es conocido como Pavonado debido a su apellido y algunos intelectuales le llaman el quinquenio gris a partir de una expresión empleada por el intelectual Ambrosio Fornet.

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